La Romería

La romería por antonomasia que se viene celebrando desde tiempo inmemorial, el documento ya citado del año 1639 la recoge, es la que tiene lugar el día de la fiesta de la Cofradía, que mientras existió la ermita antigua se celebraba siempre el 8 de septiembre, que era festivo en Aguilar, lo que prueba el arraigo que esta fiesta tenía en el pueblo. A partir del traslado a la nueva ermita se celebra todos los años el domingo de septiembre más próximo al citado día 8.

Hay otra fiesta, si bien de carácter menor, que es la subida a la ermita para retornar la imagen después de la novena de Pentecostés.

Desde los orígenes de la Cofradía y durante muchos años la única salida de la imagen de la Virgen de la ermita tenía lugar por la tarde del día de la fiesta y únicamente para hacer una procesión, rezando el rosario, en torno a la ermita.

1961Como todos sabemos, pues hasta no hace mucho tiempo todavía se celebraban, en las sociedades rurales era muy frecuente sacar en procesión las imágenes religiosas por los campos, para pedir la lluvia y tener buenas cosechas. Eran las procesiones que se llamaban rogativas y en estas rogativas está el origen de la bajada de la imagen en el mes de mayo a la parroquia de Aguilar para celebrar la novena de Pentecostés.

Según relatan las crónicas un 8 de julio de comienzos del siglo XVII hubo una tremenda tormenta en Aguilar, acompañada de copiosa lluvia que duró más de seis horas, quizá por aplicación del refrán popular de lo que quita frío quita calor, o que lo mismo vale para un roto que para un descosido, los monjes del convento de Santa María la Real, guiados por el abad bajaron a las diez de la noche a la iglesia para cantar un Miserere al Santo Cristo y pedirle cesara la lluvia. Al punto la lluvia cesó, los fieles lo atribuyeron a un milagro del Santo Cristo y a partir de esa fecha se decidió bajarle todos los años desde el monasterio a la iglesia de Aguilar para hacerle una novena de agradecimiento y se inició la costumbre de llevarle en procesión hasta la ermita de Llano para pedirle por una buena cosecha en los campos de Aguilar.

Cuando en el año 1835 y como consecuencia de la ley de Desamortización de Mendizábal los frailes abandonaron el convento, la imagen del Santo Cristo fue bajada a la parroquia y la Cofradía y el Ayuntamiento de Aguilar llegaron al acuerdo de que fuera la imagen de la Virgen de Llano la que bajase todos los años a la parroquia para hacerle una novena.

llegada2Se acordó que la bajada de la Virgen tuviera lugar el día de la Ascensión, fecha en que tradicionalmente se celebraban las Primeras Comuniones en Aguilar y se retornase el día de Pentecostés por la tarde. Ambas bajadas se hacían procesionalmente y la que tenía más participación de personas era la de la subida. Ese día los niños que pocos días antes habían hecho la Primera Comunión acompañaban a la procesión, vestidos de primera comunión, hasta el inicio de la cuesta de la Loma, donde despedían a la Virgen mientras que el resto de los fieles proseguían la procesión hasta el santuario, que distaba más o menos una legua de Aguilar. Llegados al santuario y después de culminar la celebración religiosa los cofrades se reunían para merendar en hermandad.

La gran romería de la Virgen de Llano tenía lugar el día 8 de septiembre, en esta ocasión la imagen no bajaba previamente a la parroquia, si no que era el pueblo en masa el que se trasladaba a la ermita para celebrar la fiesta de la Virgen.

Cuando se hizo la nueva ermita hubo un tiempo, el que pasó desde que se demolió la vieja ermita y hasta que estuvo la nueva acabada, en el que la imagen de la Virgen estuvo en la parroquia de Aguilar y el día 10 de septiembre, domingo más próximo a la festividad de la Virgen, del año 1961 tuvo lugar la inauguración de la nueva ermita y los actos comenzaron con el traslado solemne en procesión de la Virgen desde la parroquia a su nueva casa. En los años sucesivos se volvió a la tradición anterior, es decir la imagen no se movía de la ermita y era el pueblo el que se trasladaba para celebrar la fiesta.

En el año 1986, para celebrar las Bodas de Plata de la nueva ermita, la Cofradía optó por traer la imagen a la parroquia el sábado de la semana anterior para hacerla una novena y retornarla en la anochecida de la víspera de la fiesta, en una procesión de antorchas. La participación de los devotos de la Virgen fue masiva y los actos resultaron espléndidos, lo que animó a la Cofradía a repetirlo al año siguiente y comprobando que seguía teniendo muy buena acogida se decidió instituirla con carácter definitivo.

La celebración de la fiesta, en sus aspectos más importantes, no ha variado sustancialmente y el acto principal gira en torno a la misa solemne, que en la nueva ermita y si el tiempo lo permite, se celebra al aire libre. En los tiempos de la vieja ermita el «plato fuerte» era el sermón y para ello la Cofradía se afanaba en buscar un predicador (orador sagrado, se decía entonces) que superase al del año anterior. Después de la misa los cofrades se reunían en la sala capitular de la ermita para celebrar la asamblea anual y concluida ésta, mientras las madres de familia extendían los manteles sobre la pradera y preparaban las tortillas, los filetes empanados y también los cangrejos del Pisuerga, los hombres aprovechaban para trasegar unos blancos en un chiringuito montado al efecto.

Llegada la hora de comer, que se anunciaba con el repicar de la campana de la ermita, los cofrades se reunían en comida de hermandad y el resto de los romeros buscaban el corro familiar donde sabían les esperaba la apetitosa y apetecible vianda.

preparando01Por la tarde se celebraba el rosario, el último día de la novena y una procesión en torno a la ermita. Algunos años la Cofradía llevó dulzaineros a la ermita y a la caída de la tarde, ya merendados con las sobras de la comida del mediodía, las familias emprendían el regreso a casa, generalmente andando y los jóvenes, algunas «jóvenas» y algunos no tan jóvenes, pero muy animados, ponían rumbo al vecino pueblo de Frontada, hoy bajo las aguas del pantano, que ese día celebraba su fiesta, para seguir el jolgorio.

Con la nueva ermita las cosas no han variado mucho, salvo el día de la celebración que como ya hemos dicho ha pasado al domingo más próximo al 8 de septiembre. Desde primeras horas de la mañana comienza el desfile de gente, ya casi nadie andando pese a que la ermita queda a mitad camino de lo que distaba la anterior, para escoger la mejor barbacoa y el mejor sitio del pinar.

A la una de la tarde tiene lugar la misa solemne, de campaña si el tiempo lo permite, durante la misma se procede a la admisión solemne de los nuevos cofrades y al término de la misma la Cofradía ofrece un vino dulce con galletas, producto especialmente típico de Aguilar, a cuantos quieran aproximarse a degustarlo.

Se conserva la buena y saludable tradición de tomar unos blancos antes de comer, los cofrades se reúnen en comida de hermandad, convocados por la campana de la ermita, y las familias y grupos de amigos se reúnen en grupos para la comida, que se prolonga en animada y larga sobremesa.

Los actos continúan con la celebración del último día de la novena, procesión por la playa de Aguilar, donde los voluntarios de Cruz Roja y Protección Civil hacen una ofrenda a la Virgen y terminan los actos religiosos con el cántico de la salve en la plaza de la ermita.

Concluida la fiesta religiosa comienza el baile que dura hasta las diez y media u once de la noche, en que se da por concluida la fiesta y todos nos despedimos con la ilusión y esperanza de volvernos a ver en el mismo lugar al año siguiente. Que la Virgen de Llano, bajo cuya protección nos acogemos, así lo quiera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*